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miércoles

EL RÍO, LA VIDA

El río discurre a mi vera,
y no hay silencio:
siempre el agua…
siempre ese latido líquido
que sabe más de mí que mi memoria.

El río…
lo veo correr,
y al mirarlo
soy yo quien huye.

Atrás van quedando
padre, madre, amigos…
el hijo.
Mi hijo…

Su nombre se deshace en la corriente
como una caricia que no alcanzó a quedarse.

Se va quedando atrás allá,
en aguas que aún me duelen,
en remansos donde la vida
aprendió a romperse sin ruido.

Y avanzo.

Al frente, meandros,
curvas suaves que prometen descanso,
aguas mansas que me abrazan
como si el mundo, por un instante,
quisiera pedirme perdón.

Pero el río no olvida.

De nuevo los rápidos,
la furia,
las piedras que laceran la piel
y también el alma,
porque hay heridas que no sangran
pero ahogan.

Y atrás…
el hijo.

Perdido en el río,
en ese río que me acecha,
que me nombra,
que me conoce.

Me acompaña,
me sigue,
me adelanta,
me contiene y me desborda.

Quedó varado el hijo…
o quizá fui yo
quien no supo alcanzarlo.

Y sigo.

Por delante, aguas mansas,
otras orillas,
otros brazos que me encuentran.

Cariño, ternura…
pero ya no la del hijo.

Otras manos,
mis niñas,
sus caricias
como pequeñas luces flotando
sobre esta corriente oscura.

Sus ojos…
los veo a través del agua,
y en ellos
todavía habita la vida
que el río no pudo arrebatarme.

El río es mi vida.
No se parece:
es.

Agua de lágrimas
que nunca terminan de caer,
de tormentas que me partieron en dos,
de amores que ardieron
como si fueran eternos.

De delicias breves,
de felicidad que pasó rozándome
como una libélula imposible.

De muerte…
de soledad…
de ese hueco donde aún pronuncio
un nombre que no vuelve.

Pero también
de empuje.

De ese impulso feroz
que me obliga a seguir nadando
aunque el cansancio me hunda.

De reflexión,
de pausas donde me recojo
como si el río, por fin,
me dejara escucharme.

Y aquí sigo,
a su vera,
siempre el agua…

Siempre el río.

Y en su corriente,
mi vida entera
aprendiendo
a no dejar de fluir.

 

viernes

PUDIERA SER



 

Pudiera ser,

que los arboles

se cubrieran de rubor

al vernos transitar por la fronda.

Pudiera ser,

que al verme,

con mi vestido de domingo,

con la alegría en el espíritu,

otra vez me amara el cosmos.

Pudiera ser.

Pudiera ser que existiera un mañana.

Pudiera ser que cabalgara

la esperanza

en las copas de los altos álamos,

pudiera ser.

Pudiera ser que existiera

otra casualidad,

otro hálito,

en esta cara de muchacha

ataviada con las arrugas del tiempo.

Pudiera ser.

Que mis alas rotas

alcanzaran

a elevar de nuevo el vuelo

hacia el Arco Iris.

Pudiera ser.



domingo

LOS AMANTES


 

Ella fue reclamada

recién estrenada su existencia

cuando el amor se gestaba

en su morada.

Le arrojó con acritud,

Quiso evitarle el oprobio,

la aflicción en sus entrañas.

Le rechazó en el tálamo de muerte.

Hoy le aguarda con ternura

al otro lado de la Estigia laguna

Esperando besarle nuevamente

con la vehemencia

que no desvaneció la distancia.

Él ya es un anciano,

ella preserva la tersura en sus mejillas,

la vida no pasó por su mirada,

que le observa con ojos de muchacha.

 

A Mari Carmen y Teo, quienes hoy se han reencontrado

CAPRICHOS DE LA LUNA




En la triste edad ya vivida
de muertes prematuras
y dilatadas ausencias,
en los años mal paridos
por la indigencia de ternura
tantos factores y poco entendimiento.
Restan días a lo venidero
con pasiones extáticas
y tristezas de  estulticia.
Por las calles de poco tránsito,
o las avenidas
por donde se contonea el pecado.
Marca un tango la diferencia
y un vals con sus estrofas de violín
lacera el silencio de la madrugada.
Embrujo de la Luna caprichosa
como el tacón de aguja
de cuando era una mujer.
Lloran las campanas que anuncian
la muerte de la noche
y la llegada confusa de un nuevo amanecer
donde permanecerán ocultas las simonías.
Ya no se redimen las gaviotas
y su vuelo yace postrado en las farolas.

jueves

¡HOY ME JUBILO!


¡Hoy me jubilo!                                                                           

No, mejor dicho, me prejubilo, pues aún no tengo edad para la jubilación oficial, social, obligatoria.  Pero vayamos por partes.                                                                                    Esta es una jubilación en toda regla, hoy me jubilo de las obligaciones, esas que nos echamos sobre las espaldas de forma tonta y altruista, esas que comienzan cómo algo voluntario y luego todos y todas, incluso tú misma, lo vuelves obligación de primera.    En estas cosas es en lo que me jubilo desde el día de hoy. Fuera “es tu deber” “es tu obligación” “es un compromiso de todas y todos (claro incluida tú)” pues no, desde hoy se acabaron esos compromisos. Todo lo que haga desde este nuevo día será voluntario de verdad, si hoy me apetece, lo hago, si no me apetece, me voy al parque a dar una vuelta o me quedo en mi silla escribiendo “tontás”, que también son voluntarias. O vuelvo a coger los lápices y dibujo lo que me rodea, o… qué sé yo lo que me venga en gana, hemos quedado en que desde ahora todo en mi vida será voluntario, ni siquiera mis “hobbies” pueden ser obligatorios, hoy hago, mañana ya veremos.  Lo que queda claro a partir de hoy, es que nada será impuesto ni obligatorio, ni siquiera los viajes que tanto me gustan pueden tener visos de obligación o compromiso. Ese es el quid de esta declaración, que renuncio a todos los compromisos.                                         Lo firmo y lo rubrico públicamente.                
He dicho.                              
Aunque claro, éste tampoco podrá ser un compromiso ni una obligación para siempre, en tal caso no podría llamarse “jubilación”