viernes

Quince días ausente

 


Desgasto las baldosas del piso

en este ir interminable,

con deambular apático,

me concede huir

del desarraigo.

Mientras la mente

vuela libre

a lugares inaccesibles

donde los sujetos

habitamos en jaulas

mientras

el resto de las criaturas

vienen a mofarse

ya que el más humilde

y pequeño de los organismos

cogió el látigo del domador.

Aislada del mundo

por la atronadora música

que brota incansable

de mis auriculares.

Entre tanto mi mente gira

en la vorágine huracanada

de recuerdos confusos,

mis alas de mariposa

quedan rotas

al pie de esa montaña lejana

o

sobre ese mar

tejido de blanca espuma

y azul añil.

 

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