
Un día vano
con la conciencia
perdida en ese limbo
donde la abandonaron tus besos.
Persiguiendo la fuente aquella,
esa que fue espectadora un día
de nuestro amor,
de nuestra arrogancia,
de nuestra soledad compartida.
Por un breve instante
mientras duró
ese nemoroso bosque
en el que tu boca y mi boca
perdieron la batalla
del ahora y el ayer,
del amor y la indiferencia,
esa fuente hermosa
afligida por los muertos,
gozosa por las aves que trinan
jubilosa por sus aguas cantarinas,
triste,
mil veces triste,
por tu ausencia,
por tu mudez cobarde,
por mi existencia
afligida y silente.