Quisiera descorrer
el muro textil
que nos separa.
Engarzar con mis
labios los contornos
de tu piel.
Respirar el olor de tu deseo;
cabalgar tu sexo
hasta el deleite más excelso
para luego retornar
al frio entre tu yo
y mi yo convexos.
Quisiera descorrer
el muro textil
que nos separa.
Engarzar con mis
labios los contornos
de tu piel.
Respirar el olor de tu deseo;
cabalgar tu sexo
hasta el deleite más excelso
para luego retornar
al frio entre tu yo
y mi yo convexos.

Nosotros no habitamos
en las hojas
de los calendarios,
nuestra sombra
no es un susurro
ni vaga por entre las olas
las tardes de verano.
En la fuente umbría
flotaba el fulgor
alígero
de los altos pinos.
Y la estela efímera
de la luna
peinaba en mi pelo
el paso inexorable
de los inviernos.
No, nosotros
no habitamos
en las hojas
de los candelarios.

que todo navegante
ansía,
tú serás la greda amada
donde cosechar
los frutos que nutran
nuestras bocas.
Eres la semilla temprana
que nacerá de la tierra.
Eres la calma que expande
el devenir de mi marchito
horizonte.
Yo en cambio…
soy amazona al viento
entre sábanas de satén
sobre el corcel de tu cuerpo,
amada y lejana estrella.
Yo soy bella
por dentro y por fuera.
Yo soy fuerte
para soportar
los envites de la vida.
Yo soy tierna para arrullar
a un hijo.
Yo soy apasionada
transitando otra piel humana.
Yo soy estrella que brilla
cuando la luz se apaga.
Yo soy mujer,
semilla y planta.
Soy la Diosa de la mañana
y la Luna que brilla
cuando ya no queda nada.
Somos dos extraños
compartiendo destierro,
en un instante
nos inventamos
besando nuestras bocas
con frenesí.
Nos entregamos,
y reincidimos
en la hora incierta
de la ardiente tarde.
Consumamos el amor
y encubrimos un adiós.
Tú,
en tu mundo
de quimeras,
yo,
en el mío
sórdido
de la evidencia.

atrapado dentro
del ámbar milenario,
incapaz de hallar la salida
ansiando respirar la polución
del mundo exterior.
Huir de amores truncados,
de lesiones que cercenan la piel.
Hallar otros luceros que vean
esa imagen hermosa de mí,
esa que yo no descubro
en el azogue del espejo.
Unos fanales
que perciban belleza
donde observo oscuridad.
recorro la acuarela
yerma de nuestra lecho.
Donde tus besos
no dejan estelas
sobre mi piel.
Donde tus dedos
no se deslizan
por mi espalda.
En las alas del viento,
que te desvanece
de mi mañana
y me rehúsa
tu ayer.

Quiero invadirte.
Rendir la armadura de tu ropaje
y lamer tu piel,
deslizar mis manos dulcemente
por cimas y quebradas ,
asediar tu boca y comerla con ansia.
Y en el paroxismo de la contienda,
aprehender tu sexo
hasta la más imperiosa capitulación.
Y ahí ofrecerme íntegra
para que cohabites
mis oquedades de pasión
y ser sojuzgada entonces.
Así yaceremos victoriosos
ambos,
los dos vencidos
por los regimientos del deleite.
© Maite
Martín-Camuñas
habitar un
corazón
antes de
habitar un cuerpo.
Subiendo beso
a beso
latido a
latido
por las oscuras
cuevas del deleite,
o por extensas
praderas
de piel y
hueso.
Ella fue reclamada
recién estrenada su existencia
cuando el amor se gestaba
en su morada.
Le arrojó con acritud,
Quiso evitarle el oprobio,
la aflicción en sus entrañas.
Le rechazó en el tálamo de muerte.
Hoy le aguarda con ternura
al otro lado de la Estigia laguna
Esperando besarle nuevamente
con la vehemencia
que no desvaneció la distancia.
Él ya es un anciano,
ella preserva la tersura en sus mejillas,
la vida no pasó por su mirada,
que le observa con ojos de muchacha.
A Mari Carmen y Teo,
quienes hoy se han reencontrado