Regreso,
con
la sal aún en el cuerpo
y
un puñado de soles
que
todavía brillan.
por
el Mediterráneo,
con el alma sosegada
tras
el calor
y
la distancia.
Los sueños me acompañan,
me
acompañan siempre.
Aún me despiertan
con la angustia de la ausencia,
pero brota de nuevo la calma,
y
perdura
el
recuerdo
de
los días de sal.
Las noches
de baladas dulces,
la paz,
el
sol,
la
mar.
Esa mar
que descubrió la chiquilla
que
soy
y
que el tiempo
se
ha llevado una parte.
Entonces
existía
una senda por andar.
Hoy
quedan
el desaliento
y
la memoria.
Ya saciada,
más
sosegada,
vuelvo
a casa.
Mi cuerpo regresa,
mi
alma
queda
anclada.
Una tristeza infinita.
Sí,
más
también
en
calma.
