Y ya hay quien dice
que el cielo te reclamó.
Aún suena su nombre
en mi lengua,
y ya os atrevéis a decir
que ahora pertenece a los dioses.
Decidme,
¿qué os debíamos
para que os llevarais
lo único
que jamás os perteneció?
Nos arrancáis de las manos
a quienes amamos
y lo llamáis destino
para que nadie pueda señalar al culpable.
Después inventasteis
otras palabras:
Voluntad,
designio,
plan.
Palabras que no devuelven un hijo.
Ni una madre.
Ni un amante.
Ni un amigo.
Si un hombre hiciera
lo que atribuís a vuestros dioses,
lo sentaríamos ante un tribunal.
Pero como es dios,
le levantamos templos.
Como es dios,
llamamos misterio
a lo que en cualquier otro
llamaríamos crueldad.
Y aun así,
con la garganta rota,
seguimos encendiendo velas.
Seguimos suplicando.
Seguimos entregando la fe
como quien entrega
lo último que le queda.
Yo no.
No quiero dioses
que necesiten la muerte
para demostrar su poder.
No quiero dioses
que conviertan el amor
en una deuda
que siempre terminan cobrando.
Si existen,
no los venero.
No levantaré templos
a quien necesita la muerte
para sostener su poder.
Prefiero el abismo
a vuestros dioses.

No hay comentarios:
Publicar un comentario