sábado

Y YA VUELAS LIBRE





 







El dolor me atenaza el alma.  
No he sentido vacío  
más insondable,  
desgarrador, punzante,  
atormentado, atroz,  
como el que ahora me habita.

Me aferra,  
tira de mí hacia  
lo profundo, lo tenebroso,  
lo sombrío, lo lúgubre,  
al odio, la rabia,  
la incomprensión.

Todo son preguntas,  
soliloquios.  
Si fue,  
si hubiera sido.  
Si…

Y el mundo  
se desdibuja,  
deja de existir,  
no contiene nada que me distraiga  
de este inmenso dolor,  
este vacío que me engulle,  
me difumina, me desvanece,  
me diluye,  
me borra de la vida.

Ya nada importa.  
Odio a los vivos porque están.  
Mi propia vida la odio  
por no haber mutado por la tuya.

Con esa vida tan amada,  
tan lejana, tan tuya,  
tan poco mía.

La ausencia me mata,  
no la de antes, la de ahora,  
la del silencio eterno,  
la de la partida irrevocable.

Y ahora tú  
vuelas sin lastre,  
acaricias las copas  
de los altos pinos,  
tu libertad  
es mi condena.

Y la expiación  
regresa.  
Se cierra.  
Aprieta.

El dolor  
me atenaza el alma.

 

 

 












No hay comentarios: